Si la “salida del armario” de un deportista profesional sigue siendo noticia es precisamente porque son pocos, los que se atreven a hablar públicamente de su orientación sexual o identidad de género..

La homofobia continúa muy presente en el mundo del deporte. Lamentablemente, sigue siendo habitual escuchar insultos homófobos en estadios, pabellones y pistas donde se practica deporte, ya sea profesional o amateur.

En el deporte de élite, el número de deportistas que reivindican ser gais o lesbianas es muy bajo. El mundo del deporte está muy masculinizado, es heteronormativo, el tema de la homosexualidad es tabú y hay pocos referentes. Existe una masculinidad hegemónica que aún prevalece.

«Crecí pensando que mejor estar muerto que ser gay»

En 2005, el ciclista escocés dio una entrevista a la revista británica The Sun, donde contó todos los problemas mentales que había sufrido derivados de la presión por esconder su orientación sexual.

«Fui educado por la generación de la guerra, crecieron cuando a los gays los metían en la cárcel. Ser homosexual era tan impensable que simplemente no podía ser gay. Crecí pensando que mejor estar muerto que ser gay»

Vivió años de sufrimiento durante los cuales se negó a aceptar su orientación sexual por miedo al rechazo, no solamente en el ámbito familiar, sino también en el deportivo dónde temía ser criticado y ridiculizado.

Una lucha interna que se saldó con dos intentos de suicidio y reiterados problemas psicológicos.

La homosexualidad en el deporte sigue siendo un tema tabú, pero cada día hay más deportistas profesionales que levantan la voz sin miedo para dejar de ocultar su orientación sexual. Jason Collins, Bob Paris y Tom Waddell son algunos ejemplos de quienes rompieron tabúes. Muy pocos profesionales se atreven a vivir su vida sexual libremente.

Hay mucho camino por andar y muchos muros que derribar.